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Las dietas bajas en carbohidratos o azúcares son unas dietas que cada día se han vuelto más populares. Algunos famosos las proclaman como un remedio de salud basándose en su experiencia tras haber leido estudios al respecto. Sin embargo, los propios estudios nutricionales pueden tener unas carencias a la hora de diseñarlos que alteran los resultados obtenidos. No son falsos los resultados de los mismos, pero hay sesgos que conviene matizar para una adecuada interpretación.


En los paises desarrollados del mundo occidental, las dietas bajas en azúcares son estrategias en salud que ayudan a bajar peso, y aunque las respaldan algunos estudios, se desconocen sus efectos sobre la mortalidad. Dos estudios nutricionales observacionales indican que la ingesta elevada, al igual que la ingesta baja de carbohidratos, se asocian a un incremento de la mortalidad. El estudio PURE sobre alta ingesta de carbohidratos y un metanálisis de estudios de cohortes en Norteamérica y Europa sobre baja ingesta de los mismos parecen confundirnos al aportar conclusiones contrapuestas.

Para dilucidar esta aparente contradicción sobre si es mejor una dieta baja o alta en carbohidratos se diseñó un estudio observacional de riesgo de ateroesclerosis en comunidades (estudio ARIC) que fue publicado en 2018 en la prestigiosa revista The Lancet Public Health. Este estudio se realizó en más de 15.000 personas de Estados Unidos que fueron seguidas durante unos 25 años.

 

 


La primera cuestión a tener en cuenta es el lugar de elaboración del trabajo de campo, que en este caso es en un país con un modelo de alimentación, de acceso a la sanidad, de características genéticas y poblaciones muy variadas que pueden sesgar las conclusiones.


 

La información sobre la alimentación que recibían quienes colaboraron era autocumplimentada en cuestionarios de frecuencia de alimentos evaluando las grasas y proteinas consumidas en las dietas bajas en carbohidratos.


La segunda cuestión a tener en cuenta es la fuente de la información a partir de la cual se obtienen las conclusiones. Al ser autocumplimentadas siempre hay un sesgo dirigido hacia lo que se pretende analizar y la interpretación de cada individuo puede no ser uniforme.


 

 

Es posible que quien contesta la encuesta tenga predisposición a agradar a quien pregunta o que no entienda bien lo que le preguntan. Esto altera las respuestas que se ofrecen y por tanto las conclusiones de algunos estudios nutricionales.

Además, las propias encuestas pueden preguntar sobre un determinado alimento, por ejemplo el huevo. Pero su consumo acompañado de productos procesados como las salchichas o bebidas azucaradas como los refrescos, varía sus efectos en la salud respecto a su consumo cocido o en aceite de oliva acompañado de una ensalada. ¿Según la encuesta se ha consumido un huevo?: sí. Pero su efecto sobre la salud cardiovascular es evidente que difiere.

Las personas no consumimos un macronutriente de forma aislada: por ejemplo una grasa saturada, sino en el contexto de una matriz alimentaria que es el alimento, y en combinación con otros en un patrón de alimentación. El contenido de hidratos de carbono en un plato de fruta fresca no es el mismo, a efectos de salud, que la misma cantidad de carbohidratos de un plato de pasta ya que los micronutrientes que aportan son distintos.

dispepsia

Los patrones de alimentación son conductas humanas a la hora de consumir y escoger qué alimentos se toman sin que puedan explicarse completamente. En el estudio ARIC mencionado se apreció que la cohorte de población que consumía menos carbohidratos solían ser varones, fumar, padecían diabetes y consumían más productos de origen animal que vegetal. Esta combinación de conductas poco saludables incide en el riesgo cardiovascular de cada persona de la cohorte estudiada. En dicho estudio, reemplazar los carbohidratos con proteínas y grasas de origen animal se relaciona con más riesgo de mortalidad que si la sustitución era por las de origen vegetal.

Comer de manera moderada una dieta saludable y variada, acompañada de actividad física regular es la mejor garantía de salud cardiovascular.