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No hace mucho tiempo, el esfuerzo de los profesionales sanitarios se centró en evitar la propagación del virus Covid-19 y los contagios, al mismo tiempo que se trataba a los enfermos. Terminada la ola de la pandemia, hubo que centrarse en sus secuelas, y una de ellas es el conocido Long-Covid. Pero, ¿existen algunas personas con mayor riesgo de padecerlo?. Parece ser que quienes padecen obesidad tienen más riesgo, ¿por qué?.

 

Desde mediados del año 2020, algunos pacientes referían sufrir ciertos síntomas que se mantenían 3 meses después de haber padecido la infección por Covid-19 o que reaparecían, durando al menos 2 meses sin que hubiese un diagnóstico alternativo. El síndrome post-Covid, Long-Covid o Covid persistente se caracteriza por malnutrición, pérdida de masa magra y un bajo estado inflamatorio que ocasiona fatiga muscular, cansancio, disfagia, pérdida de apetito y alteraciones en el gusto y olfato. La valoración adecuada del estado nutricional mediante el registro dietético, medidas antropométricas y de composición corporal es uno de los pilares del abordaje de esta patología para recomendar una dieta adecuada en la recuperación de los enfermos y evitar la sarcopenia y desnutrición.

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La Organización Mundial de la Salud define Covid persistente o Long-Covid como una variedad de síntomas que algunas personas presentan después de haber padecido la enfermedad, que pueden persistir desde la enfermedad inicial o presentarse después de la recuperación. Los síntomas pueden aparecer y desaparecer, o reaparecer con el tiempo en los 3 meses siguientes a la infección por Covid-19 pero deben persistir durante un mínimo de dos meses.

 

La mayoría de los pacientes con Long-Covid habían sido ingresados en el hospital presentando diversos síntomas, principalmente fatiga y alteraciones del sueño. Pero también se ha descrito disnea, palpitaciones, artralgias, dolor torácico, alteraciones del humor, ansiedad, pérdida de cabello, enfermedad renal crónica y tromboembolismo pulmonar. Todos estos síntomas se debían al daño viral directo a nivel celular, a las secuelas inmunológicas e inflamatorias de la infección y a la iatrogenia de los tratamientos empleados.


Aunque el síntoma más habitual en el Long-Covid es la fatiga, no es infrecuente la presencia de síntomas cerebrales que incluyen cefalea, alteraciones cognitivas, parkinsonismo, embotamiento cerebral o brain fog, refiriendo trastornos de memoria a corto plazo, dificultades de concentración o en la resolución de cálculo y en la función ejecutiva, con fatiga mental, vértigos, zumbido de oídos y síntomas de ansiedad o depresión.


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Los principales factores de riesgo para desarrollar Long-Covid son padecer asma, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, obesidad, ansiedad, depresión, hipotiroidismo, y hasta un 70% de quienes tuvieron síntomas severos o un 54% de quienes tuvieron que ser hospitalizados por Covid-19. También la presencia en la fase aguda de la infección de síntomas como disnea, mialgias, anosmia, fatiga o cefaleas pueden ser factores que predispongan. La relación entre los distintos factores que se presentan es muy compleja.

Sin embargo, hay que considerar que la relación con la obesidad podría tener que ver con el hecho de que los pacientes que la padecían tenían más severidad de la enfermedad por Covid-19 y mayores ratios de hospitalización que los que no la padecían.

La alteración de la microbiota está implicada en los procesos crónicos, y puede emitir a nivel cerebral ciertas señales neuronales, inflamatorias y hormonales que influyen en el bienestar psicológico. El uso de probióticos y polifenoles induce cambios saludables en la microbiota intestinal, por lo que una dieta equilibrada favorecerá el bienestar físico y psíquico entre los pacientes con el síndrome Long-Covid.

fármacos obesidadLa obesidad presenta una asociación fuerte e independiente con un mayor riesgo de enfermedad grave y muerte por Covid-19. Los cambios fisiopatológicos que resultan del peso corporal elevado producen disfunción metabólica, inflamación crónica, respuestas inmunológicas alteradas y trastornos multisistémicos que aumentan la vulnerabilidad a enfermedades graves por Covid-19. El papel que desempeña la hipoxia, el daño endotelial y la inflamación trombótica está ampliamente reconocida durante la fase aguda de la infección e incluso en la lenta recuperación por Long-Covid. Los adipocitos y las células de la inmunidad promueven y perpetúan una inflamación persistente en dicha enfermedad.

En pacientes con obesidad, el acúmulo central de grasa restringe la expansión de los alveolos, exacerbando la disfunción pulmonar, el proceso inflamatorio local y el edema pulmonar.

También empeora la disfunción endotelial y el estado pretrombótico con una actividad procoagulante que promueve la formación de microtrombos. Todo ello fomenta una situación de susceptibilidad para padecer Long-Covid, siendo un factor independiente asociado a no estar plenamente recuperado un año después del ingreso hospitalario por la enfermedad.

Con frecuencia, la obesidad se asocia a otras comorbilidades como la resistencia insulínica, la alteración del metabolismo lipídico, la hipertensión arterial, el hígado graso o la enfermedad coronaria que tienen efectos aditivos sobre las complicaciones en el Covid-19. Aunque hace falta más investigación que relacione la obesidad con el Long-Covid, existen evidencias sobre el potencial del tejido adiposo para ser un buen reservorio de virus.


La fisiopatología del síndrome de post-Covid es compleja y se debe a disfunción autonómica, alteraciones endocrinas y del estado emocional que se combinan con una predisposición genética, ambiental y socio-económica.


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Una dieta sana, equilibrada y saludable aporta todos los micro y macronutrientes que ayudan a aliviar los síntomas de este síndrome, y sobretodo en personas que padecen besidad. Una dieta rica en frutas y verduras, así como en componentes bioactivos como los ácidos grasos omega-3, con una ingesta escasa de grasas trans y azúcares refinados, puede mejorar el bienestar emocional y jugar un papel crucial en la recuperación del síndrome post-Covid-19.

Algunos estudios describen la presencia de algunos factores que pueden incrementar el riesgo de padecer Long-Covid, como son la obesidad, el sexo femenino, la edad, la presencia de comorbilidades mentales o físicas y la severidad de la enfermedad aguda (hospitalización, necesidad de oxigenoterapia, neumonía o presencia de lesiones torácicas). Otros estudios relacionan el índice de masa corporal (IMC) con la severidad y mortalidad por Covid-19, siendo un factor de riesgo que incrementa la necesidad de hospitalización, asistencia en unidades de cuidados intensivos y mortalidad. Además, en la fase aguda de la enfermedad se incrementa la prevalencia de trombosis venosa profunda y tromboembolismo pulmonar.

Otro estudio demostró que la persistencia de síntomas de Long-Covid entre los trabajadores sanitarios fue superior entre los que presentaban un elevado IMC y presentaban enfermedad pulmonar previa. En los pacientes que padecen obesidad, la acumulación central de grasa dificulta la expansión de los alveolos, exacerbando la disfunción pulmonar ocasionada por el virus SARS-CoV-2, el daño inflamatorio y el edema pulmonar. La obesidad también es un factor que agrava el daño del endotelio y favorece un estado protrombótico tras la infección, aumentando la actividad procoagulante y la formación de microtrombos que causan pequeñas obstrucciones vasculares. Esto prolonga la duración de los síntomas e incrementa el riesgo de secuelas tras la hospitalización.


La persistencia viral, el mantenimiento del estado inflamatorio, los microtrombos y la hipoxia podrían contribuir al desarrollo de síntomas persistentes, sugiriendo la mayor susceptibilidad de padecerla entre los que padecen Long-Covid. De hecho, los fármacos que reducen la inflamación, los antitrombóticos y la oxigenoterapia son clave para evitar secuelas.


Las personas con obesidad tienen mayores niveles de citoquinas proinflamatorias y células inflamatorias infiltrando el tejido adiposo, así como mayor resistencia a la leptina y bajos niveles de adiponectina antiinflamatoria, que pueden modular la respuesta inmune afectando a todos los tejidos y órganos.

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Las complicaciones del Covid-19 son más intensas en las personas con diabetes y elevado IMC, sugiriendo que la disfunción inflamatoria y metabólica provocada causa mayor severidad de la enfermedad con una peligrosa conjunción de dos pandemias: el Covid-19 y la obesidad.